«Veinticuatro días de septiembre». Colección Mil Amores

Publicado el 12 de junio de 2022

En el ascensor, interrumpiendo mi mantra «va a ir todo bien. Va a ir todo bien», Carbajal metió una mano por debajo del pantalón, directo a mi culo sin bragas. Era evidente que había visto que seguían colgadas del espejo del cuarto de baño. Tendría que volver a por ellas en algún momento. Nos besamos con todo. Con ardor, por el recuerdo de nuestra noche; con miedo a lo que pasaba fuera; con compañerismo, estábamos juntos en eso; con esponjosidad, significara lo que significara; con dudas, sobre lo que había entre nosotros, cada vez más confuso; con preocupación por lo que fuéramos a encontrarnos tras la riada; con rabia, porque en nuestra mente se cruzaran sentimientos que no eran relevantes en esas circunstancias.

En su paisaje mental

Publicado el 3 de junio de 2022

Primera cita. Han decidido ir al teatro. Ella lo ve al girar la esquina y se le disparan las pulsaciones. En su paisaje mental lo estaría besando. En la realidad le dice «Hola» con la mano y se pone colorada. Él sonríe también tímido. La barba no deja que veamos el rubor, pero la mirada huidiza lo delata. Las manos en la espalda, el balanceo con los pies mientras están en la cola. Aún no se han dicho más que «Hola, ¿qué tal?». «Bien, ¿y tú?». «Bien, también». Por fin se sientan. Penúltima fila. «Tendría que haber comprado las entradas por internet. Estamos muy atrás», se lamenta él. En su paisaje mental ella le cogería del brazo y le diría que con ir con él es suficiente. En la realidad casi sonríe y dice «No pasa nada. Aquí se ve bien». Pero su asiento está pringoso. Pone sin querer cara de asco. Él la ve y empieza a sudar. Se restriega las manos contra el pantalón de domingo. Ella también se fija. En su paisaje mental el asiento está limpio y ella le coge de la mano antes de empezar la función. En la realidad él pone su chaqueta sobre su asiento para que no se preocupe por lo pringoso de la butaca. En su paisaje mental se lo agradece con un beso apasionado. En la realidad deja caer la cabeza en su hombro. Él parece que quiere sonreír. Ella suspira. Comienza la función.

Otra vez suplente

Publicado el 21 de abril de 2022

Katerina Kohgs, otra vez suplente. Ya estoy vieja para esto. Podría tirar la toalla y volver a Polonia. ¿Con el rabo entre las patas? ¿Cómo se dice? ¿El rabo entre las piernas? No. No voy a volver con el rabo ahí caído y chuchurrío. Es porque no queda bien mi acento. Ya lo sé. No se puede hacer Cinco horas con Mario con acento extranjero. Ya lo sé. Ya lo sé. Ojalá otra vez Las criadas de Genet. Pero no, Katerina. No te empeñes. ¿Empeñes se dice? ¿Empeñes o Empenes? No. Empenes parece otra cosa. Katerina, no te empeñes. Las criadas de Genet no volverán. Ya ha pasado tu hora. «Señora, váyase a la mierda. Señora, no vamos a limpiar más porquería». Ahí sí quedaba bien mi acento. Ahí sí que se aprovecharon de él. Pero ahora no. A la esposa de Mario no le queda bien decir «porrrrquerrría».

El supervisor de zona

Publicado el 26 de marzo de 2022

Otra vez el supervisor de zona diciendo que no he llegado a objetivos. La marca de las babas en la comisura, el pelo lacio mal recortado sobre las orejas, el dedo índice en sus gafas rotas cada siete segundos, la voz chillona casi gangosa. Sí, supervisor de zona, tiene razón. Este mes tampoco he llegado a vender las diez líneas de internet. Sí, supervisor de zona, así es. Los abuelitos a los que quiere que siga tomando el pelo no han accedido esta vez. Sí, supervisor de zona. He utilizado todos los trucos que me ha enseñado. Sí, supervisor de zona. Les he dicho que sus nietos irán más a verlos si tienen la wifi gratis. Sí, supervisor de zona, lo seguiré intentando. Sí, supervisor de zona, el mes que viene tendremos la charla otra vez. No, supervisor de zona. El mes que viene yo ya no estaré.

Mi primo Darío

Publicado el 15 de marzo de 2022

Os voy a contar la historia de mi primo Darío. No quiero que le tengáis lástima. No lo hago por eso. Al revés. Me parece que es un personaje digno de admiración. Sé que me vais a decir que un pescador de percebes no tiene nada del otro mundo. No os impacientéis, que ahora viene lo mejor. Mi primo Darío es muy guapo. Aquí ya os va interesando más, ¿verdad? Y no solo guapo sino que está buenísimo. ¿A que ya vais queriendo saber? Metro ochenta y cinco, ojos del color del mar, pelo rubio, ahora algo canoso, cuerpo y piel de marinero, barba de algunos días… Ahora que estáis más atentas, imagino que querréis saber si tiene novia o mujer, o si es gay, como todo hombre que vale la pena. Pues os diré, queridas lectoras, que no es gay, que sepamos, y que lo de la novia ya pasó a la historia. Sí la hubo y es por eso por lo que os cuento por qué mi primo Darío es digno de admiración y no de lástima. ¿Os ha picado ya la curiosidad? Ahora querréis saber qué clase de mujer pudo romperle el corazón a mi primo para que acabara solitario prefiriendo la compañía de los percebes y demás especies marinas. Pues os diré que una como cualquiera de nosotras, que no se conformó con lo que tenía y cruzó el mar para ver qué había más allá. ¿Y Darío nunca rehízo su vida?, me preguntaréis. Y yo os contestaré que no, que todavía no ha encontrado a nadie que le haga olvidar su primer amor. ¿Alguna de vosotras se presenta voluntaria?

Zarpamos

Publicado el 27 de febrero de 2022

Todavía faltan diez minutos para el embarque. Hace una hora que he llegado. Adela siempre dice que voy apresurado pero ¿qué quieres? Demasiado viejo para cambiar ahora. Aún no estoy seguro de esto. No sé si debería subirme a ese barco. Hace demasiados años que ni hablamos. Y Adela se ha enfadado: «Mi hermano no tiene ningún derecho a pedirte que vayas. Se ha olvidado de nosotros veinticinco años, papá; veinticinco años». Y tiene razón. Pero veinticinco años no son suficientes para un padre. Nueve minutos. Ya zarpamos.

En el paro

Publicado el 17 de febrero de 2022

Creía que le iban a enviar a la cola del inem, como cuando tenía veintidós años y buscaba su primer empleo. Pero ya no hay cola ni hay inem. Ahora se llama Labora y se hace todo por internet. No se queja por eso. Ha trabajado los últimos treinta años cara al ordenador y no tiene problema con la tecnología. Tampoco se queja por no hablar con ninguna persona. Es más bien reservado y lo prefiere así. Lo que lleva peor es no recibir ninguna oferta de trabajo en semanas o incluso meses. Antes, por lo menos, podía mirar el tablón de anuncios y constatar que no había ningún puesto para él. Tampoco le extraña que, como antes, nada se ajuste a su perfil. Es normal. ¿Quién va a  necesitar a un experto en nanotecnología molecular aplicada a materia preatmosférica?

Amores con mascarilla (II)

Publicado el 14 de febrero de 2022

—¿El alto? Si parece lelo.

—No es lelo. Es tímido.

—Seguro que tiene una nariz horrible. Con las mascarillas te llevas cada chasco…

—Que no. Que se la vi el otro día. Tiene una nariz romana, preciosa.

—Romana… tú sí que eres romana… ¿Y cómo se llama? Porque si va a llamarse Rigoberto o Saturnino la llevas clara…

—Pues eso no lo sé.

—Espera, que hoy averiguas su nombre como me llamo Mari.

Y así es; Mari no espera a que Loli le dé su aprobación. Aprovecha que su compañera está atendiendo al mencionado sin nombre para echar de malos modos al resto del grupo, alegando que tienen que dejar espacio para los otros clientes, aunque no haya ninguno. Enseguida se escucha el efecto que Mari quería: «Álvaro, ¿vienes o qué?». Pero él no puede contestar porque está recogiendo junto a Loli todas las monedas que le han caído al suelo cuando esta le ha dicho coqueta: «Hasta mañana, Álvaro».

Amores con mascarilla

Publicado el 19 de enero de 2022

Nuestro protagonista tiene casi treinta años, vive con su madre y nunca ha tenido novia, sí amores en la friendzone. Alto, moreno, ojos verdes, tímido. La pandemia se ha cebado con su sociabilidad en los años que suponía que encontraría a alguien. Junto a sus compañeros compra el almuerzo en el Horno Sanz. Se lo toman después en la oficina donde programan aplicaciones para móviles. A nuestro amigo siempre le atiende Loli, que procura rozarle la mano cuando le da el cambio y le sonríe debajo de la mascarilla. Él se sonroja, pero piensa que no se nota con la suya puesta. Hoy atiende otra dependienta y, aunque él crea que no, le apreciamos la desilusión. Es al salir cuando la ve, el uniforme, su nombre, el pelo rosa. Nunca sospechó que se fijaría en alguien que fuma, pero justo por eso descubre su rostro sin mascarilla, y es más guapa de lo que había fantaseado. Lleva el piercing que le imaginó. Ella le regala su primera sonrisa y él, en un arranque de valentía, se baja la mascarilla para devolver el saludo. Enseguida se da cuenta de que no es correcto y poniéndose colorado se la vuelve a subir. Loli entonces se ríe y él siente que se va a desmayar.

Podría ser que me he vuelto a enamorar

Publicado el 5 de enero de 2022

Lóbrego es el pozo en el que me encuentro. Y el caso es que no sé a qué achacarlo. Podría ser por el jefe que me atormenta con los resultados de fin de mes. Podría ser la deplorable relación que tengo con mi madre, que sigue desvariando con que mi padre le pone los cuernos. Podría ser por mi compañera de piso que me mira con malicia porque me he dejado los platos por fregar otra vez. Podría ser porque ni en reposo mi cerebro deja de lamentarse por las oportunidades perdidas. Podría ser porque mi mundo es un absurdo de despropósitos que me grita interjecciones de desesperación. Pero también podría ser que mi maldita vehemencia me esté jugando de nuevo una mala pasada. ¿Cuándo me llegará la cordura? ¿Cuándo aprenderé a no depositar mis afectos donde no los merecen? Sí. Podría ser que me he vuelto a enamorar de quien no debía.