«Veinticuatro días de septiembre». Colección Mil Amores

Publicado el 14 de abril de 2022

En el ascensor, interrumpiendo mi mantra «va a ir todo bien. Va a ir todo bien», Carbajal metió una mano por debajo del pantalón, directo a mi culo sin bragas. Era evidente que había visto que seguían colgadas del espejo del cuarto de baño. Tendría que volver a por ellas en algún momento. Nos besamos con todo. Con ardor, por el recuerdo de nuestra noche; con miedo a lo que pasaba fuera; con compañerismo, estábamos juntos en eso; con esponjosidad, significara lo que significara; con dudas, sobre lo que había entre nosotros, cada vez más confuso; con preocupación por lo que fuéramos a encontrarnos tras la riada; con rabia, porque en nuestra mente se cruzaran sentimientos que no eran relevantes en esas circunstancias.

El supervisor de zona

Publicado el 26 de marzo de 2022

Otra vez el supervisor de zona diciendo que no he llegado a objetivos. La marca de las babas en la comisura, el pelo lacio mal recortado sobre las orejas, el dedo índice en sus gafas rotas cada siete segundos, la voz chillona casi gangosa. Sí, supervisor de zona, tiene razón. Este mes tampoco he llegado a vender las diez líneas de internet. Sí, supervisor de zona, así es. Los abuelitos a los que quiere que siga tomando el pelo no han accedido esta vez. Sí, supervisor de zona. He utilizado todos los trucos que me ha enseñado. Sí, supervisor de zona. Les he dicho que sus nietos irán más a verlos si tienen la wifi gratis. Sí, supervisor de zona, lo seguiré intentando. Sí, supervisor de zona, el mes que viene tendremos la charla otra vez. No, supervisor de zona. El mes que viene yo ya no estaré.

Mi primo Darío

Publicado el 15 de marzo de 2022

Os voy a contar la historia de mi primo Darío. No quiero que le tengáis lástima. No lo hago por eso. Al revés. Me parece que es un personaje digno de admiración. Sé que me vais a decir que un pescador de percebes no tiene nada del otro mundo. No os impacientéis, que ahora viene lo mejor. Mi primo Darío es muy guapo. Aquí ya os va interesando más, ¿verdad? Y no solo guapo sino que está buenísimo. ¿A que ya vais queriendo saber? Metro ochenta y cinco, ojos del color del mar, pelo rubio, ahora algo canoso, cuerpo y piel de marinero, barba de algunos días… Ahora que estáis más atentas, imagino que querréis saber si tiene novia o mujer, o si es gay, como todo hombre que vale la pena. Pues os diré, queridas lectoras, que no es gay, que sepamos, y que lo de la novia ya pasó a la historia. Sí la hubo y es por eso por lo que os cuento por qué mi primo Darío es digno de admiración y no de lástima. ¿Os ha picado ya la curiosidad? Ahora querréis saber qué clase de mujer pudo romperle el corazón a mi primo para que acabara solitario prefiriendo la compañía de los percebes y demás especies marinas. Pues os diré que una como cualquiera de nosotras, que no se conformó con lo que tenía y cruzó el mar para ver qué había más allá. ¿Y Darío nunca rehízo su vida?, me preguntaréis. Y yo os contestaré que no, que todavía no ha encontrado a nadie que le haga olvidar su primer amor. ¿Alguna de vosotras se presenta voluntaria?

Zarpamos

Publicado el 27 de febrero de 2022

Todavía faltan diez minutos para el embarque. Hace una hora que he llegado. Adela siempre dice que voy apresurado pero ¿qué quieres? Demasiado viejo para cambiar ahora. Aún no estoy seguro de esto. No sé si debería subirme a ese barco. Hace demasiados años que ni hablamos. Y Adela se ha enfadado: «Mi hermano no tiene ningún derecho a pedirte que vayas. Se ha olvidado de nosotros veinticinco años, papá; veinticinco años». Y tiene razón. Pero veinticinco años no son suficientes para un padre. Nueve minutos. Ya zarpamos.

En el paro

Publicado el 17 de febrero de 2022

Creía que le iban a enviar a la cola del inem, como cuando tenía veintidós años y buscaba su primer empleo. Pero ya no hay cola ni hay inem. Ahora se llama Labora y se hace todo por internet. No se queja por eso. Ha trabajado los últimos treinta años cara al ordenador y no tiene problema con la tecnología. Tampoco se queja por no hablar con ninguna persona. Es más bien reservado y lo prefiere así. Lo que lleva peor es no recibir ninguna oferta de trabajo en semanas o incluso meses. Antes, por lo menos, podía mirar el tablón de anuncios y constatar que no había ningún puesto para él. Tampoco le extraña que, como antes, nada se ajuste a su perfil. Es normal. ¿Quién va a  necesitar a un experto en nanotecnología molecular aplicada a materia preatmosférica?

Amores con mascarilla (II)

Publicado el 14 de febrero de 2022

—¿El alto? Si parece lelo.

—No es lelo. Es tímido.

—Seguro que tiene una nariz horrible. Con las mascarillas te llevas cada chasco…

—Que no. Que se la vi el otro día. Tiene una nariz romana, preciosa.

—Romana… tú sí que eres romana… ¿Y cómo se llama? Porque si va a llamarse Rigoberto o Saturnino la llevas clara…

—Pues eso no lo sé.

—Espera, que hoy averiguas su nombre como me llamo Mari.

Y así es; Mari no espera a que Loli le dé su aprobación. Aprovecha que su compañera está atendiendo al mencionado sin nombre para echar de malos modos al resto del grupo, alegando que tienen que dejar espacio para los otros clientes, aunque no haya ninguno. Enseguida se escucha el efecto que Mari quería: «Álvaro, ¿vienes o qué?». Pero él no puede contestar porque está recogiendo junto a Loli todas las monedas que le han caído al suelo cuando esta le ha dicho coqueta: «Hasta mañana, Álvaro».

Amores con mascarilla

Publicado el 19 de enero de 2022

Nuestro protagonista tiene casi treinta años, vive con su madre y nunca ha tenido novia, sí amores en la friendzone. Alto, moreno, ojos verdes, tímido. La pandemia se ha cebado con su sociabilidad en los años que suponía que encontraría a alguien. Junto a sus compañeros compra el almuerzo en el Horno Sanz. Se lo toman después en la oficina donde programan aplicaciones para móviles. A nuestro amigo siempre le atiende Loli, que procura rozarle la mano cuando le da el cambio y le sonríe debajo de la mascarilla. Él se sonroja, pero piensa que no se nota con la suya puesta. Hoy atiende otra dependienta y, aunque él crea que no, le apreciamos la desilusión. Es al salir cuando la ve, el uniforme, su nombre, el pelo rosa. Nunca sospechó que se fijaría en alguien que fuma, pero justo por eso descubre su rostro sin mascarilla, y es más guapa de lo que había fantaseado. Lleva el piercing que le imaginó. Ella le regala su primera sonrisa y él, en un arranque de valentía, se baja la mascarilla para devolver el saludo. Enseguida se da cuenta de que no es correcto y poniéndose colorado se la vuelve a subir. Loli entonces se ríe y él siente que se va a desmayar.

Podría ser que me he vuelto a enamorar

Publicado el 5 de enero de 2022

Lóbrego es el pozo en el que me encuentro. Y el caso es que no sé a qué achacarlo. Podría ser por el jefe que me atormenta con los resultados de fin de mes. Podría ser la deplorable relación que tengo con mi madre, que sigue desvariando con que mi padre le pone los cuernos. Podría ser por mi compañera de piso que me mira con malicia porque me he dejado los platos por fregar otra vez. Podría ser porque ni en reposo mi cerebro deja de lamentarse por las oportunidades perdidas. Podría ser porque mi mundo es un absurdo de despropósitos que me grita interjecciones de desesperación. Pero también podría ser que mi maldita vehemencia me esté jugando de nuevo una mala pasada. ¿Cuándo me llegará la cordura? ¿Cuándo aprenderé a no depositar mis afectos donde no los merecen? Sí. Podría ser que me he vuelto a enamorar de quien no debía.

El lecho sigue vacío

Publicado el 21 de diciembre de 2021

Pasea sus penurias a las cinco de la madrugada de regreso a casa. No tiene prisa. Su jornada laboral ha terminado, sus hijos aún dormirán, su lecho sigue vacío. Por los descosidos de su ropa se le escapa la juventud. Por el maquillaje corrido se le va la belleza. Por la ropa inadecuada para el frío y el decoro se le pierde la figura. En su expresión agotada se le transparentan también los miedos. Pero es en sus ojos opacos donde vemos la pena, en el arrastre de sus tacones desiguales donde adivinamos la tristeza, en el temblor de las manos de uñas despintadas donde sentimos el peso de su soledad, como una ola gigante que todo lo inunda. Cinco cuerpos se han agitado junto al suyo esta noche a cambio de su desprecio, pero su lecho sigue vacío.

Después de la negación

Publicado el 21 de septiembre de 2021

Seguía en fase negación. No había manera de asumir el problema. El vacío era cada vez más grande pero yo no quería verlo. Las paredes, el techo, se me echaban encima en aquella habitación desconchada donde habíamos terminado lo nuestro. Nunca más volvería a sentir sus besos cálidos sobre mi piel, nunca su lengua alrededor de mi ombligo. Nunca su pelo enredado en mis dedos. Debía rendirme a la evidencia pero seguía con el pañuelo alrededor de los ojos tratando de luchar por un imposible. Los secretos nos habían vencido. Su mujer le obligaba a abandonar y su cobardía dañaba mi orgullo y mi esperanza. Él, que había sido mi primeva vez. Él, que había descubierto cada centímetro de mi piel, cada sensación por inventar. Pero siendo honestas, debería haberlo visto venir. No era un tío de lealtades. Debía haber previsto que la tempestad no iba a tardar en llegar. Que mi mundo pronto iba a cambiar de color. Que iba a descubrir el desamor, definición de lo que deseamos pero no puede ser. Pero si tenía que ser valiente tendría que pasar la fase negación y asumir el siguiente paso. Las heridas no iban a dejar de sangrar ni de doler, pero habría que sanarlas. Un portazo, un escalofrío y siguiente fase. Después de la negación va asumir la derrota. Pero yo había decidido seguir mis propios pasos. Después de la negación, venganza.